MetArs: La Justicia Hermética

¡Oh la justicia hermética!

Todos los magos reunidos en el seno del Tribunal escuchando las exposiciones de los quaesitores. Todos en atento silencio considerando las explicaciones de los abogados y finalmente votando con la Justicia y el bien de la Orden como sus únicas guías.

¿Oh la justicia hermética?

Una turba de magos pataleando, silbando y gritando interrupciones mientras un quaesitor con intereses ocultos declama un caso sin pruebas suficientes o peor con pruebas sospechosamente oportunas. Abogados que retuercen los hechos y dedican más tiempo a repartir sobornos y a arrancar votos antes que a preparar sus alegatos. Y finalmente una votación a grito pelado plagada de amenazas veladas y cínicos ajustes de cuentas.

¿Cuál de estas dos opciones es la más adecuada? Como todo en Ars Magica depende de lo que decida vuestra troupe.

Para inspiraros un poco el post de hoy repaso las tres versiones que más he utilizado en mis Sagas. Para cada versión además os recomiendo la obra de un pensador o filosofo que podríamos considerar como la “piedra de toque” de esa visión (y de los que ofrezco un resumen muy simplista).

¡Como veis este blog educa a la vez que entretiene!

Probablemente cualquiera de las visiones aquí propuesta no sea si no un extremo y vuestras sagas se sitúen en un punto intermedio. Eso si tener presentes estas visiones de la Orden puede inspirar peligrosas e interesantes consecuencias para los actos de vuestros personajes.

Primera visión: La Justicia Hermética es todo lo ideal que pueden ser los humanos

Esta visión sería la más próxima al canon del manual básico de Ars Magica en su quinta edición. La idea básica es que los magos son, aunque mucho lo olviden, solamente humanos y que como tal a la hora de tomar decisiones relativas al derecho hermético tratan de equilibrar distintos principios.

Tal y como el filósofo del Derecho Ronald Dworking estableció en un primer artículo, luego ampliado a todo un capítulo de su libro Los Derechos en serio, cualquier decisión que un individuo tome no se basa nunca en defender una sola idea (que él llama principios) si no en equilibrar varias para lograr una solución que se perciba como óptima. Cada persona tiene su propio conjunto de principios en su interior y estos

Traducido en el caso de la Orden de Hermes estaríamos en una Orden la que:

  • Todos los magos comparten los mismos conceptos básicos de lo que es la justicia y el bien común gracias a haber recibido una educación en un sistema de pensamiento (la magia hermética y todo el aparato cultural que la rodea) homogéneo.
  • Aun así, los magos son mujeres y hombres de su tiempo y algunos de los principios a los que dan un mayor peso son claramente distintos de los nuestros. Por ejemplo, el principio de autoridad (dar mayor peso a las palabras o actos de personajes de mayor rango) será muy fuerte en ellos mientras que principios como la presunción de inocencia ni tan siquiera formarán parte de su esquema mental.
  • Dado que el equilibrio de principios es algo de natural mutable los magos pueden ser influidos mediante apelaciones a la razón o al sentimiento para así cambiar su voto. De todas formas, la existencia de mecanismos de protección como la Parma y el nivel de poder relativo de todos los magos les permite el lujo de decidir en base a Principios y no a necesidades y miedos.

Así pues, estaríamos en un escenario donde la Orden dispone de un sistema jurídico que se asemejaría al ideal de una justicia benévola, realmente popular y no excesivamente legalista. Una versión idealizada de la justicia de la República de Roma donde paters y maters de la Orden tratan de alcanzar aquellas resoluciones más acordes con los altos ideales que se supone sustentan la Orden.

Las aventuras e historias en esta visión seguramente irán encaminadas a protegerla de los elementos que puedan romper este equilibrio ya sean demagogos sustentados por el seductor poder del Infierno o el ascenso de nuevos Principios (por ejemplo el de equidad entre los magos sin importar su edad) que choquen con los ya establecidos.

Segunda Visión: La Justicia Hermética es un estado de excepción continuo, y no hay otra opción

Imaginad por un momento la Orden desde el punto de vista de un quaesitor. Estás rodeado de potenciales criminales tan o más poderosos que tú, cualquier investigación para exponer un crimen requiere que pierdas años de estudio y potencialmente arriesgues tu vida. Y todo para que años después del crimen un archimago Tremere con treinta votos en su poder fuerce un veredicto de absolución claramente injusto abusando de la letra del Código.

Ante esta situación hay dos opciones: hundirse en el cinismo (de eso hablaremos luego) o redoblar en tu compromiso con la justicia hermética entendiendo que como quaesitor te debes a ella en cuerpo y alma. En esa situación es donde los quaesitores puedan, al menos en esta visión, caer en la tentación de aplicar de jure o de facto el estado de excepción.

El estado de excepción (expresión ahora muy bastardizada en la prensa española) es la idea que para proteger ciertos Principios (en este caso la Orden en si misma) es necesario no, como proponía Dworkin, tanto una negociación como una claudicación de aquellos otros Principios que los limiten. El gran filosofo Giorgio Agambem en su libro Estado de Excepción. Hace un repaso no solo a los elementos que definen el estado de excepción si no a la idea de que una vez puesto en marcha este coge velocidad y acaba por pasar como una apisonadora por encima de todas las libertades y derechos hasta un estado de completa perversión moral.

En esta visión de la justicia hermética que os propongo esto es exactamente lo que ha ocurrido. Cientos de años de impotencia y frustración han llevado a los quaesitores a considerar que la situación se ha degradado tanto que es necesario imponer un estado de excepción. Aunque este seguramente se realice mediante medidas secretas y cábalas ocultas para contrarrestar la esperable reacción de los magi. Así pues, en esta visión:

  • Los quaesitores de la Orden son individuos dotados de un fiero celo en el cumplimiento de su deber que roza la paranoia. Ven no ya solo enemigos reales si no potenciales en muchos de los magos y considerarán que la mayoría de los magos no merecen, por sus actos presentes o futuros, la protección del Código.
  • Este estado de excepción en el que creen los quaesitores les faculta, o ellos creen, a actuar fuera del Código siempre que lo consideren necesario. En esta situación y conscientes de su papel de élite frente a la masa de magi los quaesitores irán siempre por la vía del hecho consumado. Rigurosas medidas cautelares para retener a magi sospechosos, ejecuciones sumarísimas y castigos extensibles a amigos y familiares de los condenados serán la norma.
  • Los quaesitores intentarán siempre manipular las decisiones de los tribunales para lograr la perpetuación del estado de excepción considerando que la situación aún no está madura para volver a la normalidad. Los juicios farsa contra oponentes políticos, las purgas y la manipulación de votaciones mediante la coacción serán la tónica constante. Pocos magi acudirán a los tribunales por voluntad propia.

Quedaría a decisión de la troupe determinar el nivel de avance del estado de excepción ¿es algo reciente propuesto y ejecutado solo en zonas muy específicas por un pequeño número de quaesitores renegados? ¿O es una situación extendida que provoca que la sola visión de un quaesitor mande escalofríos a todos los miembros de una Alianza?

La Justícia Hermética es una pura transacción entre archimagos y magos menores

Claro está que como decíamos que puede producirse otra reacción a los abusos de poder de los magos ancianos en el seno de la Orden. Y esa es el cinismo (total o parcial) hacia la misma institución de la Orden y la justicia hermética.

En esta visión la mayoría de los magi han entendido que la Orden está en manos de una minoría de magos de más edad y poder. Pero que el poder de esta minoría es insuficiente para que estos impongan su voluntad sin como mínimo la aquiescencia del resto de magos de menor poder.

En esta situación ¿Por qué no sacar tajada? La opción más racional es por lo tanto entrar plenamente en el juego y vender aquello que el mago pobre posee de forma intrínseca (su voto) a cambio de algo que posea valor extrínseco (un buen tractatus, unos cuantos peones de vis, el favor de un mago poderoso…). Aun así el número reducido de la elite implica que esta siempre deba maniobrar para no despertar el genio revolucionario que vive en las masas.

Así pues en esta visión de la Orden y su justicia estaríamos en una situación parecida, salvando los océanos de tiempo, a la que con maestría describe David Graeber en Trabajos de Mierda (el ensayo más incisivo, peligroso y demoledor de los últimos años). Los magos habrían ideado toda una serie de labores relativamente sencillas, bien remuneradas y de nulo impacto real por las que las élites cooptan y controlan a aquellos de los mejores elementos de la masa que podrían causarles problemas.

Si la primera visión planteada era una República de Roma ideal esta última es una versión real de la misma. Las relaciones clientelares y la obtención de posición y lucro habrían, en esta versión, acabado con los principios hace mucho y aunque quizás revestida de ciertos ropajes que lo oculten la justicia hermética es una pura transacción.

Esto bien podría afectar en vuestras sagas en que:

  • A la hora de plantear casos este es uno de los entornos más fructíferos. Los siempre cambiantes equilibrios de poder dan pie a muchos huecos por los que personajes ambiciosos o determinados puedan meter cuña y usar los tribunales en su favor.
  • Las decisiones sobre el resultado de los casos se toman o bien mediante componendas y acuerdos en el backroom o bien excitando la pasión de las masas a la hora de votar de tal manera que las elites deban convalidar. Un buen y efectista discurso que capture la opinión pública y apele a los sentimientos (aunque sea de la forma más rastrera) puede decantar una votación.
  • Los quaesitores o bien son piezas claves del sistema y actúan con cinismo o bien son idealistas tolerados como muestras de buena voluntad. En esta versión sería extremadamente común que muchos quaesitores abandonaran al cabo de un tiempo su labor para emplear sus conocimientos de forma más rentable y prestigiosa como abogados.
  • Hay una gran preocupación por parte de las élites en mantener las formas del Código y los tribunales son reunidos con gran pompa y ceremonia. Las transgresiones más castigadas son precisamente aquellas que amenacen con dejar al desnudo los mecanismos clientelares.

Esta versión probablemente sea, sorprendentemente, una de las más divertidas de jugar. Pues da muchísima agencia a los jugadores para pactar apoyos, recabar votos y usar todas las tácticas y efectismos que puedan pensar para comprar o cautivar votos en los tribunales.

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