Noviembre Hermético 2020 (XXIV) : Un escalofriante recordatorio del poder de las hadas

Título: Crann Crochta(el Árbol de las Ahorcadas)

Creado por: Saor Ro’Cath cultas Merinité

Escrito en: N/A

Difusión: Un único ejemplar en Beanagh Conai en Hibernia

No todos los materiales de estudio de los magi son libros de pergamino, papiro o papel ni están escritos con tinta en elegantes letras iluminadas. En algunos casos el estudio se realiza a partir de los conocidos como realia. Estos (en latín se podría traducir casi como “cosas”) son colecciones de objetos con una cierta relación entre si y las materias que pueden aprenderse de los mismos. Por ejemplo una colección de animales disecados puede enseñar sobre el arte de Animal, un conjunto de sistemas de plomadas puede hacerlo sobre Rego o varias armas bellamente trabajadas ser un realia de la Profesión Armero.

Normalmente los magos sueles ser más abiertos con los realia que con sus libros. A fin de cuentas estas colecciones suelen ser muestra clara de los intereses, o incluso las pasiones, de los magi que las poseen quienes suelen gustar de enseñarlas ya sea para dar a conocer sus aficiones o simplemente para fardar de colección.

Y luego está la peculiar realia que Saor Ro’Cath cultas Merinité exhibe en el linde del camino que lleva hasta la colina sobre la que se alza la Alianza de Beanagh Conai (Morada Bendecida en gaélico) en el salvaje Tribunal de Hibernia.

Este realia está compuesto por un roble largamente muerto, sus ramas esqueléticas y desprovistas de toda hoja, y de los cadáveres momificados de treinta y dos mujeres vestidas con hábito de monja que cuelgan ahorcadas de este. Sus cuerpos resecos y sus vestimentas rasgadas por los inclementes elementos forman una imagen terrorífica que no viene si no a reforzar las leyendas e inquinas que corren sobre la banríon (equivalente gaélico de príncipesa de una Alianza) de la Morada Bendecida.

Aun más escalofriantes para los magi cuyos pasos los lleven a ese rincón noroccidental de Hibernia es el origen de tan macabros ornamentos. Pues esos cuerpos son todo lo que queda de la Alianza de Ad Gloriam en el Tribunal Normando y la prueba fehaciente (e incluso palpable) de lo profundo que las hadas y algunos Merinita pueden guardar sus rencores a la vez que esperan el momento para cobrarse sus sangrientas venganzas.

Para entender el origen, que no la justificación, de tan estremecedor realia hay que remontarse a setenta años antes. Por esa época Saor Ro’Cath cultas Merinité era aun la joven Malia ex Jerbiton y vivía como hermana oblata en Ad Gloriam. Esta Alianza, mezcla de monasterio y centro de enseñanza hermética, se regía por una severísima versión de la regla del Cister mientras sus magas vivían entregadas al estudio de las Artes “puras” y a buscar la manera de reconciliar los Reinos Divino y Mágico.

Sometida a la estricta disciplina, algunos más tarde dirían tiranía, del lugar la joven Malia soñaba con una mayor libertad para explorar el mundo más allá de la Alianza. Esas ansias la llevaron a, en las cercanías de la Alianza, entrar en contacto con la Corte de la Arena y la Sal una corte feérica cuyo señor se prendó de la joven maga. Así pues esta huyó de sus responsabilidades en la Alianza y durante un año vivió como como una noble feérica participando en su extraña y compleja cultura junto a su nuevo marido.

Su sueño se vería truncado cuando sus superioras dentro de la Alianza acudieron a “su rescate”. Las ancianas y poderosas hermanas superioras de Ad Gloriam, comandadas por su abadesa Clarissa ex Jerbiton, atacaron la Corte de la Arena y la Sal diezmando a sus habitantes y arrancando de ahí a Malia para devolverla encadenada a su Alianza monasterio. Donde la encerraron en una celda para purgarla de las tentaciones de los sentidos y la carne.

Tales crueldades pero no permanecerían ocultas para siempre y la Reina de las Mareas, la reina de las hadas bajo cuyo dominio estaba la Corte de la Arena y la Sal, buscó venganza contra la Orden de Hermes. Sus ataques aunque indiscriminados llamaron la atención de los quaesitores quienes investigaron el asunto y tirando del hilo llegaron hasta Ad Gloriam donde encontraron a Malia encerrada en su celda.

Tras liberarla y llevar el caso al Tribunal el caso generó una gran polémica. Algunos consideraron a Malia culpable por haber roto sus votos con la Alianza. Otros consideraron nulos y contrarios al espíritu del Código esos votos y la forma en que apenas siendo una Aprendiz Malia había sido forzada a aceptarlos. Algunos incluso consideraron que Ad Gloriam debía ser desbandada y todas sus magas castigadas por privación de poder mágico y por interferir con las hadas causando ruina a toda la Orden. La influencia política de Ad Gloriam parecía que les concedería la votación hasta que la llegada de un mago de Hibernia Mor-Righu cultas Merinité cambio las tornas con su argumentación de que no reparar el daño causado era una declaración contra las Cortes feéricas, en especial en Bretaña.

Finalmente la decisión fue salomónica. Malia fue expulsada de su Alianza y su Casa y las magas de Ad Gloriam no fueron castigadas. Pero por otro lado se le concedió una enorme suma de vis como indemnización siempre que aceptara dejar el Tribunal durante siete años. Así pues la joven maga cambió su nombre a Saor Ro’Cath (que en gaélico significa “la liberada) y siguiendo a Mor Righu entró en la Casa Merinita y partió a Hibernia.

De las siguientes décadas lo que se sabe cuesta separarlo, como en todos aquellos quienes andan por los caminos de Arcadia, entre realidad y mito. Se dice que participó en la tercera y la cuarta batallas de Lough Ree entre las Cortes de los Tres Cisnes y la de los Cuatro Jabalíes. También se dice que maldijo hasta la quina generación de los descendientes del reyezuelo irlandés Brian Mac-Gohna por haber desposado a una muchacha con el Don. O que envió a su aprendiz a aprender de los bardos guerreros de las Hébridas. Algunos incluso cuentan que sus capacidades como embajadora ante las hadas hicieron que la Casa Trianoma la reclamara para parlamentar con el terrible krampus que asolaba las cercanías de Durenmar.

Sea como sea nunca olvidó a sus captoras ni a su marido asesinado. Y durante años, lenta pero metódicamente planeó su venganza. Dejó que las magas de Ad Gloriam la olvidaran, convirtiéndola en poco más que un recuerdo de un mal ejemplo. Pero buena conocedora del poder de las historias aprovechó ese recuerdo para sembrar de leyendas y medias verdades las aldeas cercanas y así año a año un anillo de poderes feéricos creció hasta rodear Ad Gloriam. Hadas oscuras, criaturas hechas de noche y pesadillas, que las reclusas magas de Ad Gloriam prefirieron ignorar. Hasta que en una noche de Shamain una criada del lugar, joven e inconsciente, reveló a cambio de un corcel que la llevara a bailar a las fiestas del cercano pueblo y un bello vestido tejido por los duendes el momento exacto en el que las Ad Gloriam convocaba su aegis anual.

Llegado ese momento fatídico, ese breve día en el que las defensas mágicas de una demasiado confiada Alianza, segura en la civilizada Normandía, se desvanecieron por unas horas la poderosa maga en la que se había convertido Saor Ro’Cath devolvió con creces la descortesía, el dolor y el encierro que tantos años antes se le dispensaran.

Toda la Alianza de Ad Gloriam fue arrancada del reino mundano y arrojada al reino feérico. Y de ahí transportada hasta Hibernia donde las ancianas magas normandas descubrieron con horror estar en poder de una enemiga largamente olvidada. Aprovechando las salvajes leyes del Tribunal de Hibernia, con su manga ancha para la Guerra de Magos, Saor Ro’Cath declaró su enemistad y ejecutó una por una a todas las magas, sirvientas y grogs de Ad Gloriam.

No contenta con ella dejó sus cuerpos mágicamente conservados y sus almas, privadas de entierro, en el árbol donde hubo de colgarlas. Permanente desafío a quien quiera cobrarse justicia contra ella y recordatorio que las hadas no olvidan. Ni perdonan.

Aquel quien pase una estación junto al árbol, si es lo bastante valiente para dormir bajo sus guarnecidas ramas, oirá los lamentos y gritos de terror de las ahorcadas. Su sueño será intranquilo pero en las turbadoras imágenes que lo asalten encontrará escondidas ciertas lecciones sobre que se debe hacer y que no con los poderes feéricos, especialmente en lugares donde son tan poderoso como Hibernia. Mientras este bajo las ramas se le considerará bajo la protección personal de la banríon y nadie se atreverá a herirlo o injuriarlo.

Y si después de eso su valor no ha flaqueado podrá ascender hasta la fortaleza y solicitar una audiencia y una gracia de Saor Ro’Cath quien como buena señora feérica lo concederá en la peculiar manera que esos poderes tienen de otorgar tales dones.

Hasta el día de hoy solo dos magi Yerto ex Tytalus y Thea ex Bonisagus así como un muchacho llamado Claid se han atrevido a ello.

Pero sus historias deberán esperar a otro momento.

Estadísticas

Habilidad / Arte: Realia de Cultura Feérica

Nivel: N/A

Calidad: 6 (contiene 32 ejemplares)

Especial: Cada siete días durmiendo bajo el árbol debe hacerse una tirada de Rasgo de personalidad Valiente con Dificultad 6. Pasar toda la estación otorga ese rasgo de personalidad a +3

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