Noviembre Hermético 2020 (XXIX): Trabajos de amor perdidos

Titulo: για σένα Αμάντα (Para ti, Amanda)

Autor: Ptolomeo de Anfípolis ex Bonisagus

Escrito en: 1219

Difusión: Varias copias disponibles en Thebas, una copia en Durenmar y alguna copia suelta en otros Tribunales mediterráneos.

Se ha dicho muchas veces que los magos no temen a la muerte. Protegidos por la coraza de sus complejos rituales de longevidad y resguardados en sus poderosas alianzas otoñales el paso inexorable de los días no es si no una oportunidad para acumular poder, conocimiento y secretos que poco a poco los hagan algo más que simples mortales.

O lo sería si no fuera que su propio poder mágico, y su desmedido afán por acumularlo, es la raíz de su propia caída y cada hechizo, cada ritual, cada peón de vis destila en sus huesos el veneno de la Informidad y los acerca al Crepúsculo.

El Crepúsculo, ese gran insondable en el que incluso los Archimagos prefieren no pensar. Pues hasta el más humilde de los labriegos sabe que le espera al otro lado: la gloria del Paraíso, la condena del Infierno o la redención del Purgatorio. ¿Pero y un magus? A un hijo de la Orden de Hermes solo le espera el informe, desconocido y aterrador Vacío Crepuscular.

Y en esa nebulosa perdición solo hay la certeza de que, a menos de que un magi acepte rendirse a la muerte, será su propio Don quien o arrastre a ese lugar ignoto en garras del Crepúsculo Final. Tan aterrador es este desconocimiento, para una Orden de Hermes que se precia de acumular todos los secretos de este mundo, que solo unos pocos locos, místicos o especialmente determinados magos han explorado aquello que rodea el Crepúsculo.

Si incluso la Casa Criamon prefiere acercarse al Crepúsculo de refilón mediante acertijos y paradojas ¿Quién se atrevería a mirar de frente este reto y lanzarse de cabeza a ello?

Sorprendentemente no fue un Criamon, los pomposamente autodenominados maestros del verdadero saber, ni un Tytalus, famosos por enfrentarse a retos imposible, quien se atrevió a buscar la manera de cruzar el Vacío Crepuscular. Fue un Bonisagus, Ptolomeo de Anfípolis, un estrictísimo (algunos dirían desequilibrado) mago del Tribunal de Thebas. Y no lo hizo por ansia de conocimiento: lo hizo por amor.

Antes de componer el volumen que nos ocupa Ptolomeo no hubiera sido considerado nunca un mago sentimental. Extremadamente seco, algunos dirían maleducado, seguidor a ultranza de una rutina fija en la que solo había espacio para la ciencia hermética y propenso a sufrir enormes agitaciones cuando el mundo contravenía su estricto orden vital.

Durante su carrera, como mago eremita residente en la costa de Macedonia oriental apoyado por la piadosa Alianza de Oikos tou Eleous, se dedicó a la experimentación mágica produciendo algunos descubrimientos en el Arte de Muto que le valieron incluso ser publicado en un folio Bonisagus.

Lo que nadie podría sospechar era que su prosa, precisa, seca y desapasionada pudiera tener el sorprendente efecto de inspirar no solo interés si no amor. Amor verdadero y apasionado. Pues una joven aprendiz de apenas quince años: Amanda filia Ricamor ex Merinita de Provença, se cruzó con el folio y empezó a soñar con el recluso mago heleno que la cuadriplicaba en edad. Tanta fue su infatuación que escapó de su maestro para acudir hasta Grecia y declararle su amor eterno y su deseo de ser su esposa.

La turbación, y el pesar por el quebranto que eso supuso en su bien medida rutina, fueron terribles para Ptolomeo quien además hubo de lidiar con el maestro de la muchacha quien envió a su propio familiar a tratar de traerla de vuelta. Ptolomeo habría estado encantado con ello pero la muchacha se negó en redondo a irse e incluso amenazó con arrojarse al mar. Afirmaba estar dispuesta a sacrificar su Aprendizaje solo por ser la devota esposa de Ptolomeo (aun a pesar de este) y tras la intervención de Hera y Afrodita, conmovidas por la devoción marital y la pasión respectivamente, su maestro aceptó dejarla quedar en Thebas. Aunque viendo el carácter de Ptolomeo profetizó que algún día habría de lamentarlo.

Pasaron los años sin que tan funesto vaticino se cumpliera. Ptolomeo aceptó el matrimonio, nunca consumado, y empleó a la muchacha como ayudante de laboratorio sin nunca molestarse, ni ella reclamarlo, en hacerle pasar el Guantelete manteniéndola como aprendiz durante otros veinte años. La formó solo lo necesario para sacar rendimiento de ella y la explotó cruelmente, aun apenas siendo consciente de ello debido a su talante, mientras la enamorada Amanda lo aceptaba con resignación e incluso alegría.

Hasta la fatídica fecha en la que, tras usarla como conejillo de indias para un potente y peligroso experimento mágico, Amanda recibió tal descarga de Informidad que se desvaneció entrando en el Crepúsculo Final a la edad de treinta y cuatro años.

Ptolomeo, fiel a su carácter determinado y a su peculiar naturaleza, no pareció lamentar ese sacrificio y prosiguió con su metódica vida. Pero en Thebas los antiguos dioses vigilan de cerca a los mortales y no temen en hacer patente su voluntad. Y las dos olímpicas, la severa Hera y la apasionada Afrodita, no iban a permitir a Ptolomeo olvidar y desechar a la leal y enamorada Amanda.

Visitaron los sueños del mago y cuando este despertó todo el amor que nunca había sentido por Amanda inundó su corazón y toda la lealtad marital que jamás le demostró le impuso un nuevo objetivo. Viajaría al Reino Mágico, cruzaría el Vacío Crepuscular y traería de vuelta a su esposa para implorar su perdón y darle el amor y cariño que esta siempre le había ofreció y el había desdeñado.

Siguieron años de febril actividad donde todas las taras y peculiaridades de Ptolomeo se centraron en esta meta. Viajó a la Cueva de las Sombras Serpenteantes, peinó la biblioteca de Durenmar y acosó por carta o visita no solicitada a los mayores expertos en Vim de Europa. Arriesgó su propia existencia en poderosos y peligrosos experimentos mágicos y finalmente hace apenas dos años en la reunión del Tribunal en Thera presentó su conclusión.

En una pequeña summa de Vim ha publicado un hechizo que permitirá cruzar la fronteras y vestigios que separan y unen esta realidad del Vacío Crepuscular. Y no solo eso pues el libro es una petición de ayuda, una hoja de reclutamiento para un grupo de valientes que lo acompañen a ese lugar ignoto y desconocido. Un grupo tan determinado como el mismo que impulsados por el ansia de descubrimiento, el deseo de comprender lo ignoto o el deseo de traer a alguien de vuelta del Crepúsculo lo acompañen al rescate de Amanda.

Aunque originalmente escrito en griego empiezan a hacerse copias en latín del texto y lo audaz, algunos dicen que loco, de la propuesta empieza a cosquillear tanto a jóvenes y ansiosos buscadores como a ancianos magos dispuestos a jugarlo todo para ganarle la partida al inevitable final.

Estadísticas

Habilidad / Arte: Summa Vim

Nivel: 8

Calidad: 6 (Comunicación del autor +0, Iluminador experto +1, Bono por reducción de nivel +2 +3)

Especial: todas las copias del libro, incluyen el texto de laboratorio del siguiente hechizo

Abrir la puerta siempre insondable (Ritual)

ReVi 50

A: Toque D: Momentáneo O: Grupo

Un grupo de personas voluntariamente unen las manos mientras se lanza el ritual. Si este es exitoso, debe penetrar la resistencia mágica de todos los participantes, estos serán inmediatamente transportados al Vacío Crepuscular, el misterioso espacio entre y en el Reino Mágico. No puede asegurarse que este hechizo permita hacer el camino inverso.

(Base 35, +1 Toque, +2 Grupo)

2 Comments

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s