MetArs: No me gusta la ambientación de las Guerras de Magos en Ars (I)

Hace unos días en su blog la Leprosería Tytalus Kuni Mizomoura nos traía la traducción de un post originalmente publicado en Ironbound Tome el 17/08/2014 titulado (en la versión española) con un contundente: No me gusta la ambientación de las Guerras de Magos en Ars Magica.

Y ciertamente, al menos en el título, debo darle la plena razón. Las Guerras de Magos, y en general muchos aspectos de la Orden de Hermes, obedecen a unos intentos de encauzar el juego que con los años han acabado siendo denostados por casi todos los jugadores por una causa u otra.

Pero en el mejor ánimo de la societat tytalus ¿son los puntos contenciosos que levanta el post de la Leprosería Tytalus realmente tan terribles? Veamos si se les puede sacar algo de punta.

¿Por qué no gusta la guerra de magos en la Leprosería Tytalus e Ironbound tome?

Tras una lectura al post parece ser que las dos principales pegas son: que la Guerra de Magos permite un abuso de poder y que es extrañamente no letal.

Ambos puntos son, con las reglas tal y como están escritas, plenamente ciertos ¿pero son realmente lo que rechina en la ambientación y con la Europa Mítica?

Empezando con la primera objeción ¿son las Guerras de Magos un mecanismo de abuso de poder? El autor sostiene que hay una contradicción entre una Orden que se precia de buscar crear un ambiente seguro para los magos con la posibilidad de declarar guerras de forma indiscriminada. Dejando de lado la tytalesca respuesta de “si no te gusta vete a un convento” debería señalarse que esta dinámica es precisamente constante en todo el periodo medieval. Tras la fragmentación del Imperio Romano de Occidente, y agravada tras la caída del Reino de los Carolingios, la historia de Europa hasta el siglo XVI será la lucha de los magnates para lograr el control, o monopolio, del ejercicio de la violencia.

No sería de extrañar que la Orden de Hermes, que aunque se precie de Republica Romana tiene más en común con sus coetáneos medievales de lo que les gustaría admitir, sufriera tensiones semejantes. Incluso sería muy típico de la época que aquellos que puedan hicieran valer sus pretensiones por la vía del hecho (Guerra de Magos) que por la más lenta del derecho (un Tribunal). O que acudieran a la primera al fallar la segunda.

La segunda queja que Andrew B. (el australiano que escribe Ironbound Tome) es que la Guerra de Magos no es letal lo que de nuevo considera incongruente argumentando que las Guerras de Magos deberían dar un resultado claro e unívoco (la muerte de uno de los participantes).

Ahí de nuevo hay que señalarle que ese concepto es moderno (la idea infame de la totalen krieg o guerra total o de exterminio) y que en las guerras medievales los nobles tenían bastantes números de salir con vida.

Las razones para ello son múltiples: en primer lugar, todos los magos (igual que los nobles medievales) se reconocen con razón como una clase distinta, única, superior y escasa de humanos. Acabar con uno de ellos con frialdad es una afrenta a la propia clase social que conforman los magi e incluso contra el propio asesino.

 En segundo lugar, no debemos olvidar que las gentes del medievo (magos o nobles) no eran idiotas. Si la Guerra de Magos se inicia para lograr un objetivo ¿Por qué complicarlo poniendo en marcha una espiral de deudas de sangre? En la historia tenemos muchos ejemplos de como las partes en guerra durante el medievo preferían forzar a sus adversarios a un tratado o acuerdo ventajoso antes que tratar de eliminarlos. Véase por ejemplo como los barones ingleses tras derrotar y capturar a Juan Sin Tierra no optaron por cortarle la cabeza si no por obligarle a firmar la Magna Carta. Ídem puede aplicarse a los magos: matar a ese molesto Ex Miscelanea que continuamente ensucia tu aura con su presencia solo hará que sus pater, fraters y soers tengan ahora una deuda de sangre contigo ¿Por qué no limitarse a forzarlo a aceptar un cambio de Tribunal?

Es decir la Guerra de Magos no es mortal…para los magos. Para Grogs, Compañeros y otros “seres menores” el destino más posible es acabar masacrados como los prisioneros sarracenos en Ayyadieh.

Por lo tanto creo que las objeciones señaladas por Ironbound Tome no proceden por ser contrarias al espíritu de rigor que debe aspirarse en la Europa Mítica. Alguno podría señalar que ambas quejas son a nivel de metajuego con solo una capa de pintura de lore y que las quejas en realidad son llantos de desprotección del jugador frente a un Master especialmente inflexible.

Aunque ahí podríamos citar de nuevo la ratio tytalensis mencionada anteriormente con un mayor espíritu de concordia podría señalarse que ambos puntos se compensan. Pues mientras el primero da manga ancha al director para usar la Guerra de Magos para causar problemas a la troupe el segundo permite que tales problemas, aunque impactantes no resulten en roturas de hojas de personajes y llantos desaforados. ¿Será por lo mucho que se tarda en hacer una ficha que el jugador de Ars Magica es tan cauto?

¿Pero entonces estás de acuerdo con la Guerra de Magos en la Quinta Edición?

Podría parecer, tras setecientas palabras dedicadas a tratar de rebatir los argumentos del post original, que al humilde autor de este blog le entusiasma la Guerra de Magos. Nada más lejos de la realidad. En ese punto coincido con Ironbound Tome y la Leprosería Tytalus. Sencillamente mis razones son otras y podrían resumirse en dos posturas: narrativamente la Guerra de Magos es un churro y en (¡oh sorpresa!) la Guerra de Magos ignora elementos reales del medievo que la harían más interesante.

Empezando, por resultar más subjetivos y menos interesantes, con los argumentos respecto a la función (o no función) de la Guerra de Magos en las partidas podemos enumerar las siguientes tres.

Primero, no aporta ningún elemento claramente distintivo respecto al Certamen. En ambos casos las reglas prescriben que el ejercicio de la violencia entre los magos no solamente es reglado si no que es ritual. Existen unas formalidades que son intrínsecas al hecho y sin las cuales este se considera que no ha ocurrido. La declaración obligada, el plazo fijado para prepararse, la duración determinada, la designación de partes, etc… Todo esto encorseta la Guerra de Magos y acaba por convertirla en un remedo (potencialmente mortal) del Certamen. Si el Certamen ya es una idea dudosa (sed sinceros ¿cuántos Certámenes habéis librado?) ¿era necesario fatigar al jugador con un pseudecertamen? ¿Necesitaban redondear en Atlas Games algún conteo de palabras?

Siguiendo con el segundo argumento mencionar que los propios manuales esperan de los magos un comportamiento anticlimático durante las Guerras de Magos. Estas se resuelven en tratar de atacar mediante el abuso de las conexiones arcanas (ese infame capítulo munchkin de Hermetic Projects) o huir o esconderse como parangón del valor a la altura de la más vil alimaña. ¿Qué jugador realmente podría disfrutar de un desarrollo tan alejado de una de esas tardes que constituyen la épica, privada, de las grandes partidas? ¿Qué oportunidades para el desarrollo de personaje, las gestas memorables o sencillamente hacer rodar dados ofrece esto?

Como tercer argumento señalar que la naturaleza (y eso si que es ahistórico con la sociedad del medievo europeo) claramente individual de la Guerra de Magos parece ir en contra de uno de los grandes conceptos que Ars Magica dio a la afición del rol: la Alianza. En vez de ofrecerse una línea argumental que involucre a toda la troupe la normas segregan y disminuyen el impacto al confinarlo. Parecería que la única razonable actuación de una Alianza cuando uno de sus miembros declara o es declarado una Guerra de Magos sea expulsarlo de la Alianza para así eliminar completamente cualquier inconveniencia que esto pueda causar. Y a fin de cuentas en apenas un mes el interfecto podrá volver y todo el asunto pasará a ser una mera nota al pie sosa y olvidable.

Hasta aquí los motivos propiamente intrínsecos al valor como juego de Ars Magica. Pero es que por si con eso no bastara la Guerra de Magos tal y como aparece descrita en los manuales rechina con la ambientación de la Europa Mítica.

En primer lugar pasa de puntillas sobre un punto que era cardinal para la mentalidad medieval: la justificación de la guerra (el casus belli). Como señalábamos antes para el hombre medieval (pues en este caso debemos pensar casi exclusivamente en los barones y magnates) la violencia privada y la acción jurídica no eran más que dos vías (mejores o peores según ocasión) para hacer valer sus derechos. Pero ahí radica el quid de la cuestión: uno debía poder esgrimir públicamente (con mayor o menor sinceridad de nuevo según ocasión) que su ejercicio de la violencia era puramente defensivo. De acuerdo con lo establecido por Graciano y muy especialmente por San Tomás de Aquino un prínceps (persona de autoridad) debía participar solamente en guerras justas (jus bellum justum) que podían definirse bajo unos criterios claros. Debía tener una razón justificada (defender a un aliado, servirse justicia debida, proteger a alguien que se había colocado bajo su protección, etc..) es decir un casus belli que justificase esa violencia. Este podía ser más o menos endeble pero si no se disponía al menos de la apariencia de este el belicoso se encontraría sin aliados y bien podría dar a su vez casus belli a otros para que acabasen con él. ¿Por qué no deberían hacer lo mismo los magos? Mitigando parcialmente la queja de Ironbound Tome una Orden donde reina el abuso de poder esto da a las Alianzas pequeñas una defensa frente a las agresiones (totalmente) inesperadas.

Como segundo ejemplo la Quinta Edición trata de dar unas normas sobre como debía conducirse la Guerra de Magos pero estas son completamente alienas a las normas que (al menos en teoría) buscaban regir la guerra medieval. Y recordemos que los magos, aunque les pese, son hijos de su tiempo y por lo tanto condenados a moverse en un esquema mental propio del medievo. Durante toda la Edad Media la Iglesia trató, con éxito dispar, de regular la manera de conducir los hechos de armas. Desde las prohibiciones de derramar sangre durante ciertos días o en ciertos lugares hasta la exclusión de ciertas clases sociales (como las viudas, huérfanos o clérigos desarmados) del ejercicio de la violencia. ¿Cómo puede ser que al Orden de Hermes no haya adaptado o llegado a conclusiones similares? ¿Cómo pueden, en una época de pensamiento colectivista donde el ser humano solo se entiende como parte de una sociedad (su gremio, su casa nobiliaria, su orden monacal…), haber desarrollado solo normas para la conducta guerrera individual y no para sus efectos dentro de la sociedad hermética?

Ejemplos varios de como el “medievalizar” la Guerra de Magos podría convertirla en algo más acorde con la Europa Mítica (y como eso mejoraría el impacto narrativo) son un tema en si mismo.

Tema que quedará, tras haber castigado al sufrido lector con casi cuatro páginas, para la siguiente entrada del blog.

3 Comments

  1. Ardo en deseos de ver esa nueva entrada prometida, pero por aportar algo al diálogo, a mí sí que me gustan las Guerras de Magos en Ars. No me vuelven loco, pero me parece que son una herramienta útil a nivel político, y no estoy muy de acuerdo con la entrada original de TIBT. Creo que las Guerras no solo pueden servir para cepillarse a un rival incómodo, sino también para intimidarlo, influirle para que varíe su comportamiento, y eso siempre es útil. Coincido en que el hecho de que muchas Guerras acaben reduciéndose al uso del Túnel es lo más anticlimático del mundo, pero eso no creo que sea culpa de las Guerras, sino del puñetero túnel.

    Metarrólicamente, también considero que las Guerras son un “legado” de ediciones anteriores que Atlas mantuvo, y supongo que no encaja tan bien como otras cosas en el canon. También tengo la modesta opinión de que les interesaba dejarla después de que haya incontables menciones en el manual de mecánicas que reflejan posibles enfrentamientos entre magi, pero luego hay un Código que básicamente impide cualquier intercambio hostil entre miembros de la Orden. Pensarían que la Guerra era una buena opción para dar rienda suelta y uso a esas mecánicas, no sé…

    Sobre el “historicismo”, yo por desgracia soy de los que tiene un límite de tolerancia en estas cosas, y hay matices que prefiero no incluir en las partidas, bien por pura ignorancia, bien porque no siempre son beneficiosos para la trama.

    Y por eso, como decía al principio, ardo en deseos de ver tu próxima entrada sobre el tema… 😉

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