Sobre el judaísmo en Ars Magica

Cada14 de Abril el Estado de Israel celebra su 73º Día de la Independencia,(como curiosidad señalar que el día hebreo empieza con la puesta del sol así que el Día de la Independencia se extenderá hasta el 15 de Abril). Este día, en hebreo Yom Ha’atzmaut que en español vendría a pronunciarse “Llomm Jatsamauu”, conmemora el establecimiento del Estado de Israel y su independencia del Mandato Británico de Palestina.

Es por lo tanto un día especialmente señalado en el calendario de los israelíes, así como el de las comunidades hebreas en todo el mundo y aunque no sea el objeto de este blog el comentar sobre nada que ocurriera tras el siglo XVI merece la pena aprovechar la excusa para plantearse un tema que si que afecta a Ars Magica ¿Cómo debe ser representado el judaísmo y el pueblo hebreo en una partida de Ars Magica del siglo XXI?

¿Cuál es el problema de incluir el “elemento judío” en Ars Magica?

La problemática sobre de que manera tratar al pueblo judío (y usando libremente esta palabra para incluir tanto a los practicantes de la religión del Judaísmo como a las personas de ascendencia hebrea) en Ars Magica, como en cualquier obra de ficción ambientada más o menos en la Europa de la Edad Media, es triple.

En primer lugar y a diferencia de otras minorías que puedan aparecer en Ars Magica el pueblo judío existe en el mundo real en la actualidad con hombres, mujeres y niños de carne y hueso que hoy en día encarnan esta realidad. Esto lo distingue por ejemplo de los albigenses (también llamados cataros) quienes aunque pudieran entenderse como una minoría dentro de la Europa Mítica no existen hoy en día en ninguna forma o manera que descienda de los personajes que puedan aparecer en nuestras sagas. Esto implica la necesidad de un mayor cuidado en no perpetuar estereotipos u otros sesgos que puedan conllevar a que los participantes en nuestras partidas ahonden, de forma consciente o inconsciente, en el menoscabo a los miembros actuales vivitos y coleando del pueblo judío.

La segunda problemática radica en que una visión descontextualizada de la realidad de la cultura judía durante el medievo puede reforzar estereotipos negativos sobre la misma. Quizás este punto se entienda mejor con una comparación algo sorprendente: la representación de la Iglesia Católica en Ars Magica. Pues, de forma quizás algo análoga a la cultura judía, la Iglesia ha mejorado increíblemente en los siglos que nos separan de la base de la Europa Mítica. El oscurantismo, la corrupción o violencia de la Iglesia en esos siglos se han visto superadas en gran parte hasta que la Iglesia de hoy en día prácticamente resulte irreconocible. De la misma manera la cultura judía de la actualidad está a años luz de ciertas actitudes que, aunque contemporáneas al medievo hoy nos resultan repugnantes. Es por ello que debemos ser especialmente cuidadosos al introducir al pueblo judío en nuestras sagas no sea que de forma inconsciente arrastremos estereotipos negativos de la Europa Mítica al pueblo judío del siglo XXI.

Finalmente, la tercera problemática es que el pueblo judío tiene el dudoso privilegio de ser el grupo minoritario más y frecuente y terriblemente perseguido de la historia. Así pues cualquier inclusión que se haga de este colectivo en nuestras partidas no debería separarse de una reflexión previa que se centrara en determinar si, aunque sea sin notarlo o con buena voluntad, la representación que estamos haciendo (o permitiendo que otros hagan) resulta en una revictimización del colectivo. Salvando las distancias a veces resulta útil realizar el ejercicio de imaginar una mesa de jugadores de algún país lejano (por ejemplo Liechtenstein) jugando a Ars Magica en el Tribunal de Iberia e incluyendo una representación del “hispano típico”. ¿Qué clase de generalizaciones nos molestaría que hicieran? ¿Si fuéramos el único hispano en esa mesa que comentarios podrían hacernos sentir incomodos? Usar estas reflexiones como guías nos permitirá empatizar y gestionar mejor el trato de minorías en nuestras sagas.

¿Existe por lo tanto alguna manera de tratar con sensibilidad el “elemento judío” en Ars Magica?

La primera pregunta que debería formularse toda troupe cuando se plantea incluir un PNJ, o con más razón un personaje jugador, es si su condición de judío es un elemento clave para que el personaje tenga sentido o si es solamente un elemento de color o (aun peor) una manera de explotar alguna regla o mecánica. Si la respuesta puede encuadrarse en cualquiera de estas dos categorías resulta increíblemente desaconsejado mantener ese carácter judío del personaje. A fin de cuentas, como hemos visto en la sección anterior el hacerlo no es una elección sin afectados ni sin potencial para revictimizar a un colectivo que ya ha sufrido suficiente.

También resulta interesante el tratar de lograr que los personajes judíos que aparezcan en nuestras sagas sean antes personas que no judíos. Evitemos caer en los estereotipos sin necesidad: el anciano cabalista o el astuto mercader son personajes de cartón piedra tan vacuos y vagamente ofensivos como las representaciones de los indios americanos en los antiguos westerns.

Es además importante que, aunque estemos familiarizados con el judaísmo europeo del medievo por su condición de coexistente con la propia historia de la que la mayoría de los europeos (blancos y cristianos) forma parte, el acercamiento a una cultura separada se haga con el mismo mimo que uno por ejemplo se documentaría sobre el funcionamiento de la corte del Khan de los Mongoles. Tratar de hacer una representación basada en fuentes lo más neutrales posibles y que de voz a las peculiaridades de la cultura judía de cada uno de los distintos reinos. No deberían sonar, actuar o vestir un rabino de un shtetl que la esposa de un artesano de la judería de Toledo.

Finalmente, y aunque pueda parecer sorprendente es muy importante no blanquear la realidad de la opresión, discriminación y violencia hacia los judíos en la edad media como parte de la Europa Mítica. Ignorar la constante amenaza de violencia, las recurrentes masacres o la discriminación con la que vivían los judíos del medievo para presentar una Europa Mítica de plena concordia y sin sombra de antisemitismo es un error. Solo mediante la aceptación de los aspectos menos que elogiosos (por decirlo finamente) podremos dar un relato realista y principalmente maduro que nos sirva como base para mejorar nuestras actitudes fuera de la mesa de juego.

Y dicho esto solo queda esperar, jugando a Ars Magica, que llegue el día en que todos podamos volver a viajar y disfrutar de la gastronomia israelí.

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