Ideas y ayudas: ¡Mi reino por un peón!

Es bien sabido que los magos aprecian la vis por encima de todas las cosas. Esta sustancia, magia pura en forma sólida, es la moneda de cambio entre los magos y sirve para dotar de permanencia a los efectos mágicos, aumentar el dominio de las Artes o incluso combatir (o escapar) a la muerte mediante los rituales de longevidad.

Claro está que la vis resulta difícil de medir y para ello los magos han inventado una curiosa medida: el peón (pawn) de vis. Esta unidad básica (que nunca aparece claramente descrita en los manuales) a su vez se agrupa en torres (rooks en inglés) equivalentes a diez peones, siendo diez torres una reina (queen obviamente).

Lo que resulta increíblemente curioso es que Bonisagus y sus acólitos, descarados admiradores de Roma escogieran como unidad de medida ¡un juego que los romanos desconocían!

El ajedrez en la Europa Mítica

Por lo contrario en la edad media el ajedrez causaba verdadero furor entre los cristianos y era conocido de un confín al otro de Europa. Sabemos que era pasatiempo de nobles, eclesiásticos e incluido (como aparece en el Libro de los juegos de Alfonso X) ¡de monjes guerreros!

Aunque no se tiene claro exactamente cuando y como pasó el ajedrez del mundo islámico (donde al parecer existe desde el siglo VII) al cristiano parece claro que para el siglo IX o X el juego ya era popular en toda Europa. Un poema conservado en suiza y datado hacia el año 997 se titula Versus de Scachis y está dedicado a elogiar el juego.

Curiosamente en la lengua castellana el nombre del juego vendrá casi directamente del vocablo árabe mientras que en francés o catalán el nombre pasará por el tamiz del latín. Así pues en el primero se llamará al juego con una variación del árabe assatrang mientras que en los otros dos será una corrupción de la adaptación latina scaccus.

Señalar que el nombre de las piezas que tanto ocupan a los magi proceden exclusivamente de la versión cristiana del juego pues la pieza de la reina en el mundo musulmán se seguirá denominando “visir”. Otras innovaciones cristianas, o deberíamos decir hispanas pues el juego causará furor ya en la corte de Alfonso X el Sabio, son los movimientos “modernos” de las piezas.

Como curiosidad cerrar esta breve reseña del ajedrez medieval indicando que las torres en esta época no tienen la habitual forma de castillo (la pieza que estáis imaginando la inventó el inglés Howard Staunton en el siglo XIX) si no ¡de soldado de infantería! Incluso en algunos casos como el conocido como Ajedrez Lewis (conjunto de piezas encontradas en el norte de Escocia y conservadas entre Edimburgo y el British Museum) las piezas representan berserks que muerden con saña el borde del escudo ansiosos de entrar en batalla.

Los pobres peones no tenían forma alguna y solían ser simples fichas redondeadas tanto en las versiones muslimes como cristianas del juego.

Una teoría alternativa para los peones…

Parece por lo tanto claro que los magos del siglo XIII conozcan y aprecien el juego del ajedrez. Pero nada puede explicar como los Fundadores, o las generaciones inmediatamente posteriores, hablaban ya de peones, torres y reinas.

Y aunque bien podríamos achacarlo a un simple despiste de los creadores del juego original ¿Por qué no complicarnos la vida con una peregrina teoría con algo de base histórica? ¿Y si las referencias a las unidades de cuenta de la vis escondieran una asociación algo más perturbadora?

Pues aunque está claramente asentado que el ajedrez se originó en el mundo islámico lo cierto es que existía una cultura con una pasión por los juegos de mesa tácticos casi superior a la de los árabes: los hombres del norte.

Existe un antiguo juego nórdico llamado Hnefatafl que resulta muy similar al ajedrez. Una figura central (normalmente denominada “rey” o “guerrero”) es escoltado por un tablero por un conjunto de piezas de menor valor (los peones) bajo las ordenes de uno de los jugadores mientras el otro trata de eliminarlo con sus piezas.

¿Y si el primer magus en considerar la medida de la vis no lo hubiera hecho teniendo en mente el ajedrez si no el Hneafatafl? Esto encajaría más con la cronología europea, los nórdicos ya habían descendido de sus helados paramos un siglo antes, y además por la similitud formal bien podría el “guerrero” convertirse en el rook (que recordemos tenía esa forma originalmente).

También explicaría por que la unidad de mayor valor, la reina, recibiría el nombre “cristiano y moderno” de la pieza (en vez de “visir”) dado que no se habría hecho necesaria hasta que siglos de mejora de la Teoría Mágica permitiesen concentrar cantidades cada vez mayores de vis. Habiendo sido suficiente con los dos tipos de piezas del juego nórdico en un inicio.

…y un corolario espeluznante

Claro está que esta simpática explicación tiene una derivada que no conviene ignorar. Y es que implicaría que los siniestros magos del norte y aliados de los Jotun, los Muspelli, habrían estado sospechosamente cerca de la Orden en sus inicios.

¿Hubo acaso un primer Cisma que alguien se ha esforzado en borrar de los anales de la Orden de Hermes? ¿Hay una mano, quizás la del propio Loki el embaucador, tirando de los hilos de la perpetua discordia de los magi?

Y si uno viajara hasta los confines septentrionales de Europa, o incluso más allá ¿Qué desasosegante secreto mejor ignorado podría descubrir?

3 Comments

  1. ¡Bravo! Muy interesantes esas diferencias de nomenclatura que comentas en los nombres de las piezas. Añadiría que en Iberia también fuimos diferentes con el alfil, cuyo nombre se conservó de la versión islámica de la piez (de “al-fil”, elefante, que era la forma que solía tener la pieza allí, e incluso en algunas partes de Europa, hasta bien entrado el siglo XII), mientras que en buena parte de Europa la Iglesia hizo de las suyas y lo convirtió en el “bishop”, u “obispo”, más habitual hoy en día.
    Así que si tú te vas para el norte, yo me voy para el este (o para el sur), y me pregunto si tal vez la Orden de Suleimán cuenta su vis en alfiles, y si en su momento no estarían aliados con los magi herméticos de Iberia… 😉

    Liked by 1 person

      1. Jajajaja… ¡creo que eso trasciende incluso las ambiciosas metas del libro! Pero ahí hay tema para el desarrollo, sin duda… 😉

        Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s